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A través de la evolución de la humanidad y la ciencia, se han creado diversidad de falsos mitos de la lactancia materna. Para partir con ello, nos situaremos en el Papiro de Ebers, donde ya aparecen recomendaciones para tener más leche del tipo: “Hervir el esqueleto de un pez espada en aceite y frotar con esta mezcla la espalda de la madre”. Se hacían ofrendas a los dioses de leche de animales y se veneraban estatuas de diosas protectoras de la leche. También se realizaban ungüentos para aliviar el dolor del pezón haciendo una pasta con calamita, excrementos de mosca. Hipócrates, desde el siglo V antes de Cristo, creía que la leche materna era una modificación de la sangre menstrual del útero.

Extendiéndose esta creencia hasta el s. XVIII ligada a las connotaciones de impureza y tabús sobre la regla, y consecuentemente sobre la lactancia materna. Aristóteles sentenció que la calidad del calostro no era adecuada y que no debía darse a los recién nacidos, siendo tachado de impuro y venenoso por muchas culturas en diferentes épocas. En el siglo II d.C. Galeno prohíbe las relaciones sexuales durante la lactancia, ya que consideraba que corrompía la leche materna; perdurando estas recomendaciones hasta el s. XX. San Agustín recomendaba que los niños cristianos no fueran amamantados por almas paganas.

Así surgió también la figura de la nodriza, cuya alimentación y hábitos de vida estaban determinados por las autoridades políticas, religiosas y/o sanitarias de la época. Todo ello con el fin de garantizar que tuvieran buena leche. De esto ya han pasado muchos años, pero las mujeres que quieren dar el pecho mantienen hoy día la misma preocupación y remedios parecidos; se ven expuestas a estos falsos conceptos, además, estos falsos mitos y creencias se encuentran en todos los niveles económicos y culturales.

Falsos mitos sobre los cuidados de la madre

Relacionados con la alimentación

Evitar alimentos que producen gases

La lista de alimentos a los que se ha hecho responsables de los cólicos es muy extensa. Es seguro que la leche no trasmite gases ni los provoca en el lactante, y respecto al cólico, se trata de un problema que aún no está completamente aclarado en el que pueden influir factores alimenticios y no alimenticios.

  • La madre no puede comer ciertos alimentos que puedan dar mal sabor la leche materna (ajo, cebolla, etc.) o picantes.

Es cierto que el sabor de la leche puede ser modificado por algunos alimentos, pero esto no es malo para el lactante. Puede incluso ayudarle a tolerar otros sabores más adelante. Sorprendentemente, un estudio demostró que el consumo de ajo por la madre mejoraba la succión, y algunos profesionales recomiendan a la madre consumir ajo en casos de lactancia inducida o re-lactación, para mejorar la aceptación del pecho por el niño.

  • Comer más cantidad o hacer dieta.
  • Hay que beber mucha agua y/o mucha leche.
  • Hay que ingerir una gran cantidad de líquidos.
  • Dar el pecho te obliga a mantener unos kilos de más. Durante la lactancia no se deben hacer dietas para perder peso.
  • La lactancia materna engorda.

En todo el periodo de gestación y durante la lactancia, la mujer necesita una dieta balanceada. No hay alimentos que aumentan o disminuyen la producción de leche. A mayor succión corresponde una mayor producción de leche. La madre lactante debe seguir una dieta normal, variada, equilibrada y sana, y no por debajo de las 18000 kcal. No hay alimentos preferidos ni prohibidos. Por otro lado, es cierto que las mujeres que amamantan tienen más sed, pero no se ha demostrado que forzar la ingesta de líquidos más allá de lo que demanda el organismo sirva para fabricar más leche.

Relacionados con el estilo de vida

  • La mujer que lacta no puede tener relaciones sexuales porque se daña la leche.
    • Falso, las relaciones sexuales no dañan la leche.
  • La lactancia prolongada es culpable de la deformación de los pechos. Te arruina el pecho.
    • Las modificaciones del pecho se producen durante el embarazo, no por el hecho de dar o no lactancia. Además, en el aspecto del pecho influyen sobre todo la edad, factores genéticos y la cantidad de grasa corporal. Se va deformando poco a poco con cada período de menstruación, por los cambios hormonales del ciclo. La mayor deformación es responsabilidad del embarazo y de los primeros días postparto.
  • Los problemas de espalda empeoran durante la lactancia.
    • Hay que cuidar que la madre esté cómoda mientras da el pecho y que varíe las posiciones. Lo malo para la espalda no es dar el pecho, sino utilizar posiciones incorrectas, sobre todo doblar la espalda hacia delante para acercar el pecho al niño. Se debe recordar que una madre pasa muchas horas al día amamantando.
  • No debe amamantar después de hacer deporte.
    • No hay inconveniente en amamantar, pero es posible que el ácido láctico que se acumula con el ejercicio cambie el sabor de la leche y los niños hagan muecos o rechacen el pecho. Las madres también se encontrarán más a gusto si dan de mamar antes de hacer deporte.
  • No debe teñirse el pelo si está amamantando
    • Los tintes usados en peluquería no absorben ni modifican la composición de la leche.
  • Si tiene prótesis de silicona, la silicona pasa a la leche e intoxica al niño.
    • Ninguno de estos motivos justifica restringir/interrumpir la lactancia.

Relacionados con el estado de salud materna

  • No deben realizarse intervenciones dentales con anestesia local ni empastes durante la lactancia.
  • Si la madre está enferma, no debe dar de lactar y si sigue lactando no puede tomar medicación.
  • Si la madre toma antibióticos tiene que dejar de amamantar.
    • Por la leche se transfieren defensas al lactante que le protegen de la infección. En cuando a los medicamentos, muchos pueden tomarse durante la lactancia. Si no hubiera un fármaco compatible alternativo, se puede mantener la producción de leche con extracción mientras dura el tratamiento para después retomar la lactancia y no abandonarla.
  • Las madres con pecho pequeño no pueden amamantar.
  • Con pezón plano o invertido, se hace imposible la lactancia.
    • Los bebés no se agarran del pezón para mamar, sino de la areola. Una buena posición es más eficaz que cualquier dispositivo. Además, no se tiene más o menos leche en función del tamaño del pecho (eso depende de la grasa).

Asesoría en lactancia y maternidad

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