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La disforia de género hace referencia al malestar que puede acompañar a la incongruencia entre el género experimentado por el propio sujeto y el género asignado (natal). Se trata de una crisis que puede presentarse durante la etapa infantojuvenil y debe abordarse con mucho cuidado.

Definición

La ONU define la identidad de género como: “La vivencia interna e individual del género tal y como cada personala experimenta, la cual podría corresponder o no, con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendola vivencia personal del cuerpo y otras expresiones de género como el habla, la vestimenta o los modales”.

El género experimentado, o identidad de género, sigue una evolución a lo largo del desarrollo del individuo. Para entender cómo se forma la disforia de género, tanto en adultos, adolescentes como en niños, es necesario detenerse a analizar y entender cómo se forma, paso a paso, la identidad.

Identidad de género

La identidad sexual y la identidad de género son las que conforman esa parte de su autoconcepto. Ahora sufre el conflicto entre lo biológico, lo psicológico y lo social. Deriva en el estado disfórico al que se hace referencia.

El género es una experiencia subjetiva. Por lo tanto, con la que la persona se termina por identificar. Es tal y como ocurre con todas aquellas experiencias continuas en el tiempo y el desarrollo madurativo con respecto a algo. La experiencia sexual infantil es el resultado de la integración de los tres factores que la constituyen, y son los ya mencionados factores biológicos, psicológicos y sociales.

Características

La característica de la experiencia sexual infantil en desarrollo la colocan en una dimensión con identidad propia. Son las siguientes:

  • La vivencia difusa y confusa del deseo y el impulso sexual.
  • El desarrollo de la sexualidad infantil va en paralelo con el desarrollo afectivo, y ambos están es constante interacción.
  • El desarrollo en clave “cognitiva” de la idea de pertenencia a un grupo y una identidad al sexo masculino o al femenino.
  • La característica plasticidad en el desarrollo y organización de los contenidos en el tejido psíquico infantil.
  • El desarrollo de “lo moral” respecto a todo lo que dice, hace o siente relacionado con el sexo. El infante empieza a ser consciente del valor y la importancia contextual respecto a la sexualidad. Es entonces cuando empiezan a surgir o no los conflictos entre lo que experimenta respecto a su sexualidad (identidad de género), y lo que desde su asignación biológica y lo social “se espera que experimente”.
  • La constante dinámica interactiva entre los factores biológicos, psicológicos y sociales, dan como resultado la experiencia sexual infantil.

Dimensiones

Psicológicas

La dimensión psicológica de la sexualidad tiene su epicentro en la vivencia sexual y en el “cómo” de esa vivencia a lo largo de su propio desarrollo psicológico. Es decir, en la manera en que el niño la siente y la conoce. La experiencia infantil de la sexualidad tiene una naturaleza fuertemente evolutiva y cambiante. Por lo tanto, a menudo hay que servir de inferencias y simbolismos la participación de otras estructuras o de manifestaciones psicopatológicas para estudiarla y comprenderla.

La sexualidad es una forma de comunicación, por lo que su forma de vivenciarla tiene mucho de impulso de motivación, de direccionalidad de la energía que debe sercanalizada y orientada hacia un objeto. El deseo innato que se activa ante un universo estimular y se orienta en base a unas experiencias y actitudes contextuales, se va sofisticando hasta configurar un estilo sexual propio a nivel cognitivo, afectivo y comportamental.

Biológica

Por su parte, la dimensión biológica es el sexo biológico. Es la dotación básica, o como actualmente se le denomina, el “género natal”. Es la base a partir de la cual se construye la sexualidad infantil. Por vía genética se identifica el sexo genético con arreglo al tipo de cromosomas (XX en la niña, XY en el niño).

El “sexo gonadal” dependerá de la existencia de testículos u ovarios, con su correspondiente perfil de descarga hormonal y su influencia en el comportamiento y aprendizaje futuros (mayor nivel de agresividad en niños, tipo de juegos, velocidad de desarrollo madurativo mayor en niñas, etc).

Social

En cuanto a la dimensión social de la experiencia sexual infantil, es determinante para la direccionalidad futura en el contexto educativo y social en que se desenvuelve el niño. La asignación de género se refiere a la identificación inicial del niño como varón o mujer en el nacimiento. Es lo que se denomina “género asignado”, e inicialmente coincide con el “género natal”, desde el cual se identifica oficial y legalmente el género varón omujer del recién nacido.

Existe un “sexo social” y es aquel que la cultura y la sociedad asigna e impone al niño con respecto a los que se espera de él, los comportamientos y respuestas con arreglo a sus caracteres genitales externos y al fenotipo de su cuerpo. De este fenotipo se deduce también el“sexo legal”, que no siempre coincide con el sexo social, ni con el psicológico ni con el biológico.

En niños

En la disforia de género a edad infantil se da una marcada incongruencia entre el sexo que el niño siente o expresa y el que se le asigna. Dicha incongruencia ha de durar al menos seis meses seguidos para poder diagnosticar disforia. Se manifiesta por un mínimo de seis características de las que se enumerarán a continuación.

La primera y obligatoria característica que se ha de dar en el niño o la niña para realizar el diagnóstico, es la de sentir un poderoso deseo de ser de otro sexo.

Características

Al menos cinco de entre las siete siguientes características han de manifestarse en el sujeto:

  1. Afirmar con insistencia que él o ella es del sexo opuesto o de uno alternativo al que se le asigna (Criterio A1).
  2. En los chicos (sexo asignado), una fuerte preferencia por travestirse o simular el atuendo femenino. En las chicas una fuerte preferencia por vestir sólo con ropa típicamente masculina y una fuerte resistencia a ponerse ropa típicamente femenina (Criterio A2).
  3. Se observa una fuerte preferencia por los roles del otro sexo o fantasías recurrentes a pertenecer al otro sexo (Criterio A3).
  4. Lo que se manifiesta en el juego o actividades y juguetes elegidos y que habitualmente son utilizado sy practicados por el otro sexo (Criterio A4).
  5. Una habitual preferencia a elegir al sexo opuesto como compañeros de juego (Criterio A5).
  6. Además de las preferencias, se dan los rechazos. En el caso de los chicos (sexo asignado) existe una marcada evitación a participar en juegos bruscos y un fuerte rechazo a los juguetes, juegos y actividades típicamente masculinos. Por su parte, las chicas (sexo asignado) rechazan todo lo relacionado a juguetes, juegos y actividades típicamente femeninos (Criterio A6).
  7. Respecto a la propia anatomía y caracteres sexuales, se observa un marcado disgusto por la propia anatomía sexual (Criterio A7).
  8. Un fuerte deseo por poseer los caracteres sexuales, tanto primarios como secundarios, correspondientes al sexo que se siente (Criterio A8).

Manifestaciones clínicas

La disforia de género se manifiesta de modo diferente en los diferentes grupos de edad. Las chicas prepuberales suelen expresar su deseo de ser un chico. Ante la frustración por no poder serlo, afirman que de mayores van a ser un hombre. Otras niñas afirman que son un chico. Ocasionalmente pueden negarse a orinar sentadas, llegando a aprender a orinar de pie.

A estas edades, “hacer” está muy cerca a “ser”. Llegando al límite de edad prepuberal, la expresión de su identidad de género sentida se ha sofisticado y se mueven, visten, peinan y hablan como chicos. Llegan a ser percibidos por los desconocidos como chicos, y presentarse con nombre de chico o pedir que se le llame así.

Suelen tener intensas reacciones de enfado con sus padres si estos intentan que lleve ropa “de niña”. Es normal encontrar que en sus juegos de rol o fantasía, se identifiquen con el otro sexo marcadamente. Algunas chicas manifiestan el deseo de tener pene. A veces afirman que tienen pene, y otras, que cuando crezcan lo tendrán. También pueden afirmar que no quieren desarrollar el pecho ni “tener la regla”.

Adolescentes y adultos

La adolescencia supone algo más y diferente que un simple cambio de etapa. La adolescencia es realmente “El Cambio”. Es la diferencia que marca las anteriores diferencias. Un cambio que va más allá de la revolución hormonal inherente en la adolescencia; la adolescencia es un cambio de paradigma. Hasta la adolescencia reina lo “absoluto”, lo literal, lo inmediato, lo que viene dado desde las esferas superiores de los adultos.

A partir de la adolescencia, lo relativo, lo simbólico, lo experimentado como propio y, por tanto, como real entra en escena. Es el momento en que se elaboran los aspectos más importantes de la propia identidad. Por lo tanto de su posición y posicionamiento ante el mundo.

En la adolescencia, el lóbulo orbital frontal ha madurado lo suficiente como para alcanzar la capacidad de acceder a una nueva conceptualización de “identidad” y de “realidad”, en la que “lo que se es” es algo diferente a “lo que se ve”, y “lo que es real” va más allá de lo que “es verdad o cierto”, y tiene que ver con “lo que se experimenta”.

El género experimentado comienza a ser más avalado como real por el propio sujeto, y como piedra angular en su identidad: “Soy por sentir lo que siento, y si sintiera de otra forma sería de otra forma. Lo real es lo que experimento, y su verdad es lo que ven en mi pecho o entre mis piernas”. La disforia de género habita en el desencuentro entre “la verdad” o certeza desde la que el otro social le asigna una identidad y coloca unas expectativas típicas a su sexo, y la realidad experimentada por el propio sujeto.

Características diagnósticas

La característica principal en el diagnóstico de disforia de género en el adolescente y el adulto, al igual que ocurre en niños, es la discrepancia entre el sexo que siente o expresa la propia persona y el sexo que se le asigna. Para realizar el diagnóstico, la discrepancia entre lo que se siente y lo que “aparentemente es”, debe durar al menos seis meses y manifestarse por un mínimo delas siguientes características:

  • Hay una marcada incongruencia entre el sexo que siente y sus caracteres sexuales primarios o secundarios(Criterio A1).
  • Además, se puede dar un fuerte deseo de desprenderse de los caracteres sexuales propios primarios o secundarios. En adolescentes jóvenes, se puede observar un deseo de impedir el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios previstos para su edad y sexo (Criterio A2).
  • A veces se desea poseer los caracteres sexuales del sexo opuesto (Criterio A3). Fuerte deseo de ser del otro sexo o de un sexo alternativo al asignado (Criterio A4).
  • Deseo de ser tratado como del otro sexo, o de un sexo alternativo (Criterio A5).
  • Fuerte convicción de que uno tiene los sentimientos y reacciones típicas del otro sexo (Criterio A6).

Manifestaciones clínicas

El inicio del interés por el otro sexo puede presentarse ya entre los 2 y los 4 años. Algunos padres informan que su hijo ha sentido desde siempre una inclinación hacia el otro sexo. Sin embargo, será sólo un pequeño porcentaje de los niños los que lleguen a edades avanzadas de la adolescencia y presenten síntomas que cumplan con criterios diagnósticos para disforia de género.

La edad a la que suelen ser llevados a consulta por sus padres, es la etapa escolar. Se extrañan y preocupan por lo que consideraban una etapa pasajera pero que, sin embargo, no cambia. Es frecuente que los niños con disforia de género muestren con el paso del tiempo menos comportamientos típicos del otro sexo, menos preocupación de los padres y menor rechazo por parte de los amigos.

En edades más avanzadas, tres cuartas partes de los preadolescentes y adolescentes, afirman tener una orientación homosexual o bisexual, pero sin manifestar disforia de género. Ocurre igual con la cuarta parte que afirma tener una orientación heterosexual. No se manifiesta disforia.

Nacidos varones

Hay dos amplias trayectorias para desarrollar disforia de género: el comienzo temprano o el comienzo tardío. La disforia de comienzo temprano se inicia en la infancia y continúa hasta la adolescencia y la edad adulta. También se da un período de latencia en que la disforia de género cesa y los sujetos se identifican como homosexuales, seguido de una recurrencia de la disforia de género.

La disforia de comienzo tardío ocurre en la pubertad. Muchos de estos sujetos refieren haber tenido deseos de haber sido del otro sexo en la infancia, y que no lo expresaron verbalmente a otras personas. Otros no recuerdan ningún signo de disforia de género en la infancia. En el caso de los tardíos, la disforia no ha sido detectada por las personas que le rodean. Son más frecuentes en ellos las expresiones de disforia anatómica. Esta se evidencia cuando el adolescente ya ha desarrollado los caracteres sexuales secundarios.

Un porcentaje considerable de adultos con disforia de género de comienzo tardío, cohabita o está casado con una mujer. Después de la transición de género, muchos se identifican a sí mismos como lesbianas. Es más probable que queden satisfechos tras la transición de género los sujetos de comienzo temprano que los de comienzo tardío.

Nacidas mujeres

El curso más común es el comienzo temprano de la disforia de género en adolescentes nacidas mujeres, siendo muy poco frecuente el inicio tardío. Al igual que ocurre con los chicos, se pueden dar períodos en que la disforia de género remita y las mujeres se hayan identificado a sí mismas como lesbianas. Sin embargo, la recurrencia del cuadro disfórico deriva más a menudo que en los chicos en consulta clínica. A menudo tienen el deseo de someterse a tratamiento hormonal o/ycirugía de reasignación de sexo.

Igualmente, los casos de comienzo tardío no se hacen evidentes hasta que se da el cambio por maduración delos caracteres sexuales secundarios. Es entonces cuando más a menudo se consulta por disforia anatómica.

Las adolescentes con disforia de género temprano presentan casi siempre ginefilia. Es decir que les atraen sexualmente las mujeres. Las de comienzo tardío presentan generalmente androfilia. Es decir, atracción sexual por los hombres. Tras la transición de sexo, se identifican a sí mismos como gays.

El cuidado de los niños y los adolescentes

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