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Fue en el mes de septiembre de 2015 cuando los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) vieron la luz por primera vez. Se consideran el mayor intento, de los 193 países firmantes, por poner como prioritario al planeta y a todos los seres que en él habitan mediante el ahorro energético. Éste acuerdo pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de un cambio de mentalidad a nivel global en todos los sectores sin pretender dejar atrás a ninguno de ellos. El acuerdo insiste en el cumplimiento de todos ellos para el año 2030.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible centralizan acciones que van desde mejorar la salud de los ecosistemas hasta la igualdad social. Pretenden equilibrar el crecimiento de todas ellas sin incentivar una acción más que otra. El logro común de estos objetivos para el año 2030 supondrá vivir en la mejor versión posible del planeta. Cada objetivo, llevando como apellido la palabra sostenible, supondrá que cada uno perdure en el tiempo, dado que es una señal de auto mantenimiento, como la propia palabra indica.

En la actualidad, el concepto de sostenibilidad goza de un merecido protagonismo, por todos ha sido escuchada la importancia de su significado. Las acciones sostenibles implican la resolución de los problemas de ahora, con la actual disponibilidad de recursos, sin que se condicione a estos de forma negativa para las generaciones que sigan. De esta forma, se pretende hacer ver que no es posible un crecimiento económico si este no es sostenible, no es posible la inversión en innovación si esta no resulta sostenible, ni será posible el mantenimiento de la salud, la educación y todos los servicios si todo ello no se realiza de forma responsable y por supuesto sostenible.

Los ODS defienden actuaciones a todos los niveles; sin embargo, estos requieren primeramente una acción mundial, un reconocimiento de la necesidad, de la necesidad de mejora y de la necesidad de recursos y soluciones. El reconocimiento del problema siempre suele ser el primer paso a su solución. De igual forma se precisa de una acción más localizada, la creación de políticas accesibles y reales para poner en marcha estos objetivos.

Este análisis es primordial, en primer lugar, para trasladar la necesidad de mejora desde un mayor nivel de responsabilidad (por ejemplo gobiernos nacionales o mundiales) hacia los responsables regionales y locales. De esta forma, haciéndoles partícipes de la toma de decisiones y consecuentes en la búsqueda de soluciones; soluciones que deben ser de aplicación localizada según la raíz de los diferentes problemas.

Cada lugar tendrá necesidades de actuación diferentes, hábitats naturales, gestión de residuos, gestión de la vida submarina, desigualdad social, etc., por citar algunos ejemplos extraídos de los ODS oficiales. Desde luego, esto no sería posible sin la acción personal. Las actuaciones en primera persona serán el principal reflejo de lo que realmente se demanda como sociedad. La actuación seria de las personas pone en relevancia si se ha acertado o no con la implantación de políticas de acción.

Es cierto que muchas instituciones tienen responsabilidad legal en la realización de determinadas acciones, acciones que no deben permitir que sean parte responsable de la sociedad civil. Un ejemplo que hace comprender muy bien este sentido de acción es el extendido debate acerca del reciclaje de residuos (como son los envases o el papel); la responsabilidad legal de realización de este ejercicio recae en las empresas, el papel de los ciudadanos en esta materia es el de separar esos residuos.

Para reorientar este tema de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cabe destacar la siguiente afirmación: “El área que requiere medidas más urgentes es el cambio climático. Si no reducimos ahora las emisiones sin precedentes de gases de efecto invernadero, se estima que el calentamiento global alcanzará los 1,5 grados centígrados en las próximas décadas”

Por todos es sabido que la principal causa de la aceleración de los efectos del cambio climático es, en su mayoría, la generación de energía eléctrica. Se puede afirmar, como se ha visto, que la electricidad es la herramienta que precisa cualquier actividad; es por ello que la generación de energía eléctrica es indispensable y una actividad que no puede desaparecer.

Décadas de crecimiento industrial y social han hecho que los modelos de generación eléctrica desembocaran a conseguir una mayor producción, yendo esta de la mano de una menor sostenibilidad. Así, era prioritario el aumento de la producción sin reparar en el daño que implicaría a largo plazo la continuidad de estos procesos. En TECH hemos elaborado un Máster en Ahorro Energético y Sostenibilidad en la Edificación enfocado a todos aquellos ingenieros que desean renovar sus aptitudes y adquirir nuevos conocimientos en esta área y obtener un certificado que avale sus capacidades. El Máster en Proyecto, Construcción y Mantenimiento de Infraestructuras Eléctricas de Alta Tensión y Subestaciones Eléctricas, por otro lado, proporcionará al profesional un conocimiento profundo en este campo, mientras que el Máster en Energías Renovables se presenta como la mejor opción para aquellos ingenieros interesados en el impacto ecológico de sus acciones.

 

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